[…] También es un tema tratado en la literatura. Por ejemplo, en el estrafalario poema en prosa Los cantos de Maldoror, el conde de Lautrémont ofrece una imagen muy vívida e inquietante de las normas de la risa, o más bien lo que significaría entenderlas mal.
En el primer canto, el personaje que da título al libro, el abatido misántropo Maldoror, apenas humano, se fija en una gente que ríe y quiere hacer lo mismo, aunque no comprende el significado del gesto. Así pues, a modo de perpleja imitación, se saca una navaja y se corta las comisuras de los labios para crear «una risa», antes de darse cuenta que no la ha creado en absoluto, sino tan sólo una carnicería. Es una inteligente reflexión sobre nuestra capacidad de aprender a reír y sobre la idea de la risa como propiedad del ser humano (al fin y al cabo, ¿es Maldoror humano?).
Y, como ocurre siempre con tales historias, nos queda la acuciante duda de que tal vez la primera reacción de Maldoror fuese más correcta que errónea: de que la risa no es más que una navaja (metafórica) que se aplica en los labios.
La risa en la Antigua Roma, Mary Beard
