[…] Me obsesioné con un detalle: las Billy tienen demasiado fondo, pero no el suficiente para hacer dos filas, le explicaba a Barreiros, así que acaban acumulando polvo o llenándose de cacharros un poco absurdos: un muñeco gracioso, el llavero con la miniatura de la puerta de Brandemburgo que trajo un sobrino del viaje a Berlín, un tintero de cerámica que nos regalaron los padres de un amigo cuando murió, un dibujo, la foto con mi madre y mi hermana, una piña que recogí en el Retiro. Un basurero, vaya, aunque con carga sentimental.
Puro glamour, Aloma Rodríguez
