Fe

[…] No le extrañaba que, en los siglos posteriores a la Caída, la gente se hubiera vuelto hacia Dios: necesitaban creer que había una vida mejor que esa. En cambio, los antiguos, con todos sus lujos y comodidades, habían sido capaces de vivir sin fe.
Entonces se rectificó. Algunas de las frases más extrañas, apenas comprensibles, de la carta de Morgenstern acudieron de nuevo
a su mente. «Consideramos que nuestra sociedad ha alcanzado un nivel de sofisticación que la hace singularmente vulnerable al colapso total. Sectores y tecnologías fundamentales se verían afectados de tal modo que nuestras posibilidades de recuperar el anterior statu quo se verían reducidas de forma alarmantemente rápida…» Oh, sí, los antiguos habían tenido su propia fe. Su Dios había sido la ciencia, y esta los había abandonado.

El despertar de la herejía. Robert Harris

Publicado por Olmo Del Rosario

Animal de costumbres

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