Perdita


La felicidad es, en su estado más elevado, hermana de la bondad. El sufrimiento y la amabilidad pueden existir juntos, y a los escritores les encanta representar su conjunción: hay una armonía muy humana y conmovedora en esa imagen. El miedo, se ha dicho, es el padre de las religiones -incluso es procreador de aquellas
cuyos adeptos son llevados a sacrificar víctimas humanas en altares-, pero la religión que surge de la felicidad es el retoño más hermoso. La religión que hace respirar al corazón un agradecimiento fervoroso, que nos hace verter lo que desborda de nuestra alma ante el autor de nuestro ser; aquella que es la madre de la imaginación y la nodriza de la poesía; aquella que otorga inteligencia benévola al mecanismo visible de la tierra, y hace del mundo un templo con el cielo para su domo. Aquella religión de felicidad y bondad habitaba la mente de Perdita.

El último hombre. Mary Shelley

Publicado por Olmo Del Rosario

Animal de costumbres

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