[…] Como si en ese preciso instante se hubiera dado cuenta de que su hermana estaba en la casa, Yeonghye miró en dirección a la cocina con expresión ausente. Era una mirada totalmente vacía. Por primera vez él pensó que sus ojos eran como los de un niño. Unos ojos que lo contenían todo ySigue leyendo «La mancha mongólica»