[…] Si un Banco o una Compañía financiera poseía la tierra, los apoderados decían: «El Banco – o la Compañía – necesita …, quiere …, insiste …, debe tener … «, como si el Banco o la Compañía fuese un monstruo con capacidad de pensar y sentir, que les hubiese cogido. No se hacían responsablesSigue leyendo «El Monstruo»