[…] El placer de ser rebaño es más antiguo que el placer de ser un yo; y mientras la buena conciencia se llame rebaño, sólo la mala consciencia dice: yo. En verdad, el yo astuto, carente de amor, el que quiere su propia utilidad en la utilidad de muchos: ese no es el origen delSigue leyendo «De las mil metas y de la «única» meta»