b5+ d7

Un peón. Solo un peón. Con la mirada de tu rey en el cogote. Con el desdén soterrado de la aristocracia de tu bando. Con la insignificancia de un zarandajo, de un bagatela, inscrito en la genética. Con el abismo del vacío y la descarnada intemperie a tus pies; no naciste con red ni parapetos. Consciente de los gastadores -cava trincheras, allana el terreno, abre paso, sé pionero- son los primeros en caer por los márgenes de la historia. Sabedor de que cinco pasos, o seis, los necesarios para despojarte de tu pesado destino, son un mundo cuando el tablero no está hecho a la medida de tus fuerzas, cuando las reglas te condenan al rango de peón, cuando los peligros asechan y se multiplican por la desigualdad de un origen viciado.

No naciste con voluntad de peón. Pero eres peón. Sacrificio es para ti la divisa impuesta, el blasón que que nadie se molestará en labrar por efímero. El relato del bien común urdido por la jerarquía que te necesita. No escatimarán en aderezos y parafernalia: epopeyas, banderas, himnos, póstumas condecoraciones. Pero una vez deje de sonar el último aplauso del último asistente al gran teatro y el humo de las salvas disparadas en tu honor sea barrido por un cielo que esa noche oscurecerá como siempre a la espera de otro amanecer ordinario -y así es como avanza el mundo y así es como se completa una vida que no ansía más que ser vida-, tú seguirás arrumbado en el margen.

No habrás sido más que un peón. Y la partida, que ahora descubres que no era tu partida, continuará.

El peón, Paco Cerdà

Publicado por Olmo Del Rosario

Animal de costumbres

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar