Definiciones

[…] -¿No crees en Dios?

Y aquel chaval, calculando todos los riesgos de su respuesta, como suicidándose feliz, y adoptando el acento con que hablaba su padre, le espetó lentamente:

-Todo lo que es nauseabundo, y fétido, y sórdido, y abyecto, se resumen en una palabra… ¡Dios!

Y eructó sonoramente. El padre Gregorio pareció más desamparado que aterrado. Hizo una larga pausa y sinceramente le confesó:

-Me sorprendes… me choca que con tu edad sepas utilizar la palabra abyecto tan correctamente.

La torre herida por el rayo. Fernando Arrabal.

Publicado por Olmo Del Rosario

Animal de costumbres

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar